De entender la mente a aquietarla.
El yoga clásico empieza como una filosofía: una explicación de por qué sufrimos. De ella nace un camino práctico de ocho pasos que termina en la meditación, donde la mente por fin se aquieta. Esta sección recorre ese camino, de la idea a la práctica.
Por qué se medita: ser el observador de tu mente
Patañjali se apoya en una filosofía india llamada Samkhya, que distingue dos cosas: lo que piensas y la parte de ti que se da cuenta de que lo estás pensando. A esa parte que se da cuenta la llama purusha: la conciencia, el testigo silencioso, una presencia que lo ve todo sin intervenir. A todo lo que cambia (tus pensamientos, tus emociones, tu cuerpo) lo llama prakriti.
Según esta idea, el problema es que solemos confundirlas. Si te viene a la cabeza «soy un desastre», lo vives como una verdad sobre ti, cuando en realidad es solo un pensamiento que aparece y se va.
La práctica consiste en entrenar esa diferencia. Te sientas, miras lo que pasa por tu mente como quien mira nubes cruzar el cielo, y poco a poco notas que tú no eres las nubes: eres el cielo que las ve pasar.
Meditar empieza por notar que no eres tus pensamientos y culmina cuando la mente se aquieta tanto que el testigo «reposa en su propia naturaleza» y ya solo queda la conciencia pura, sin contenido.
Los ocho miembros (Ashtanga) de Patañjali
Los ocho miembros no son una filosofía ni son solo meditación: son un camino práctico, un método. Se apoyan en la filosofía, que explica por qué sufrimos (confundimos al testigo con la mente, como has visto arriba), y terminan en la meditación. Son el cómo: los pasos para deshacer esa confusión.
El propio Patañjali los divide en dos grupos (Yoga Sutras 3.7–3.8): cinco externos (bahiranga), que preparan el terreno con la ética, el cuerpo, la respiración y los sentidos, y tres internos (antaranga), que son la meditación propiamente dicha y que juntos se llaman samyama.
Es un error común creer que el yoga de Patañjali trata sobre todo de posturas: de sus 196 sutras, a las asanas les dedica solo tres.
No hay que confundirlo con el "Ashtanga Yoga" de muchos estudios (Ashtanga Vinyasa, de Pattabhi Jois): un estilo de práctica física con series fijas de posturas que toma el nombre de Patañjali, pero que es otra cosa.
Yama — ética hacia los demás
Cinco principios de conducta: no violencia (ahimsa), veracidad (satya), no robar (asteya), continencia (brahmacharya) y no acumulación (aparigraha). Son la base: sin ellos, según el texto, el resto de la práctica carece de sustento.
Niyama — ética hacia uno mismo
Limpieza (shaucha), contento (santosha), disciplina (tapas), autoestudio (svadhyaya) y entrega a algo mayor que uno mismo (ishvara pranidhana). Observancias personales más que reglas sociales.
Asana — la postura
En los Yoga Sutras, "asana" designa únicamente una posición sentada estable y cómoda para meditar —no el repertorio de posturas físicas contemporáneo, que se desarrolló siglos después (ver investigación histórica).
Pranayama — control del aliento
Extensión y regulación consciente de la respiración, tratada en detalle en la sección de respiración y pranayama.
Pratyahara — retirada de los sentidos
Dirigir la atención hacia adentro, reduciendo la reactividad automática a los estímulos externos. Es la bisagra: cierra los cinco miembros externos y abre paso a los tres internos.
Dharana — concentración
Fijar la atención en un único punto u objeto —la respiración, un mantra, una imagen— de forma sostenida y deliberada. Es el esfuerzo activo de concentrarse.
Dhyana — meditación
Cuando la concentración se vuelve continua y sin esfuerzo, sin interrupciones, se convierte en meditación propiamente dicha: el flujo ininterrumpido de atención hacia el objeto elegido.
Samadhi — absorción
La mente se absorbe tanto en el objeto que deja de notarse a sí misma. En esa quietud, dice Patañjali, «el que ve reposa en su propia naturaleza»: es el paso final hacia kaivalya, la liberación.
Técnicas contemplativas más allá del ashtanga clásico
Meditación de mantra
Repetición mental o en voz baja de un sonido, palabra o frase (como "om" o un mantra tradicional) para dar a la mente un ancla concreta y reducir la divagación.
Trataka — fijación en un punto
Observación sostenida de un punto fijo, tradicionalmente la llama de una vela, con los ojos abiertos y luego cerrados reteniendo la imagen residual. Entrena la estabilidad atencional.
Yoga Nidra — "sueño yóguico"
Escaneo corporal guiado en posición tumbada, moviendo la atención sistemáticamente por distintas zonas del cuerpo, en un estado a medio camino entre la vigilia y el sueño.
Atención a la respiración
Observar el aire entrando y saliendo sin modificarlo deliberadamente. Es la práctica que más se solapa con la meditación de atención plena (mindfulness) de tradición budista.
Metta — bondad amorosa
De raíz budista, no yóguica clásica, pero muy integrada en clases contemporáneas: se dirigen frases de buena voluntad, primero hacia uno mismo y luego hacia círculos cada vez más amplios de personas.
Auto-indagación (Atma Vichara)
Popularizada por Ramana Maharshi (s. XX), consiste en preguntarse repetidamente "¿quién soy yo?" no para obtener una respuesta conceptual, sino para observar de dónde surge el propio sentido de "yo".